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FELICIDAD BLANC

(1913-1990)

 

La esposa y madre de los Panero

 

Pienso en tantas mujeres que, como yo, habrán dejado que se oscureciera su inteligencia repitiendo maquinalmente los mismos gestos, perdida la curiosidad por todo, anuladas en una renuncia inútil.

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Autobiografía de Felicidad Blanc,  Argos 1977.

 Poco después de la película El Desencanto y como reacción a la figura que se percibe en ella (ver: "Los Panero") la matriarca de los Panero escribió sus memorias con el título Espejos de sombras.

Felicidad Blanc es nostalgia, sobre todo, de lo que no fue. En una entrevista concedida cuando se presentó el libro declara «He buscado escribiendo mis memorias, la identidad perdida. Volver a ser Felicidad Blanc, más allá de ese nombre de viuda de Panero que llevo conmigo. Y más allá también de la incompleta figura que muestro en El desencanto. El libro me enseñó cómo soy. Y a los que me rodean, cómo los veo. No trato, ni he tratado nunca, de atacar a nadie. A veces, cuando leo lo que, se supone que he dicho en algunas entrevistas, me quedo aterrada: yo no habló así”.

Cuando se oye hablar a Felicidad Blanc se tiene la impresión de que ella misma es un personaje de ficción con la fragilidad de una porcelana .Espejo de sombras, habla de su vocación literaria, de esa voluntad de autoconvertirse, desde la vida misma, en un personaje proustiano: «Soy una mujer del siglo pasado. En mi infancia se percibían todavía los resplandores del siglo XIX, y algo he conservado. Quizá la capacidad de soñar, de volver siempre al recuerdo, y de seguir siendo ésa niña que llora sin llorar, que aparece en una de las fotos de mi libro. Por todo esto no me ha sido difícil escribir el libro, recuperar en tres meses mi pasado. Me he sentado ante el magnetofón y me consta que muchas páginas han sido transcritas directamente...

"...El pasado viene a mi porque, en realidad, siempre vivi con los ojos puestos en él: incluso siento que vivo el presente para recordarlo o como si ya fuera pasado... todo esto, y mis amores, y mi soledad terrible, y el no haber encontrado el gran amor que buscaba… El amor, como salvación, y por él, la literatura, también salvación. El amor pasó varias veces por mi vida . . Me enamoré de Luis Cernuda, y salté su timidez. El amor fue entonces una despedida con el aire de parque londinense... él se iba a América, yo volvía a España, y lo que pudo ser, o quizá fue, el gran amor que él y yo buscábamos, se hizo sólo un recuerdo. Cuando leí El Regreso, de Calvert Casey, o su dedicatoria nostálgica, supe que aquel podía haber sido, era ya, un amor importante. Pero él se había dado muerte en Roma, y mi amor fue, otra vez, un terrible recuerdo, una hermosa despedida... Ya ves. De estas cosas hablo yo en mi libro. De mi vida no demasiado feliz, y también de los momentos duros de mi matrimonio. De los veranos felices en Astorga, y de la reciente despedida de ese pueblo que tanto amé”

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                                                    Casa de los Panero en Astorga

Su hijo Juan Luis escribió en el año 2000: “La relación con Cernuda fue mucho más entrañable para mí, aunque partiendo de la base de que, por supuesto, yo no tenía ninguna conciencia de quién era Cernuda ni de lo que era la poesía. Ni siquiera sabía que mi padre era poeta. A mis ojos, Cernuda era entonces solamente un amigo de mis padres. Casi siempre nos veíamos sobre todo con mi madre. Recuerdo haberla acompañado a la casa del pintor Gregorio Prieto –que estaba exiliado en Londres– cuando éste pintó su retrato en presencia de Cernuda. Algunas veces mi madre y Cernuda venían a buscarme al colegio y en ocasiones él me llevaba a pasear a Hyde Park. He escrito alguna vez sobre el último día que estuve con él, cuando me llevó al departamento de juguetes de Harrod’s y, con un inmenso cariño, me compró un pequeño barco de madera, pintado de rojo.

Lo que cuenta mi madre en sus memorias sobre su relación con él se ajusta bastante a la realidad. A Cernuda, que fue muy amigo de Concha de Albornoz, de María Dolores Arana, de Rosa Chacel, de la editora americana Berenice Randall, de mi madre, las mujeres cultivadas le gustaban mucho, aunque no tuviera intenciones de irse a la cama con ellas. Suele olvidarse que a Cernuda no le gustaban los hombres en general, sino cierto tipo de adolescentes. Mi madre, que era una mujer guapa, atractiva y con la que él podía hablar, le recordaba a Greta Garbo. Solían hablar de literatura rusa, de Chéjov, de Tolstoi... Cuando paseaban juntos, la gente la miraba, pero también se fijaban en él. A mi madre, a su vez, le gustaban los hombres elegantes y Cernuda sin duda lo era.

Quizás ella exageraba algo, es muy posible que magnificara el recuerdo de lo que sólo debió de ser una bonita amistad, pero si lo hizo fue por lo poco que se entendía con mi padre.

El caso es que siempre tuvo mitificada aquella temporada en Londres y nunca quiso volver. Cuando en 1966 estaba viviendo yo allí, le insistí varias veces para que fuera a visitarme, pero nunca se decidió. Luis Cernuda se había convertido en la gran leyenda de su juventud, esa juventud de la que en parte careció por culpa de la guerra civil. Esos años de Londres fueron para ella como los años felices de Natasha Rostov, el personaje de Guerra y paz. Con bastante retraso, pero es que mi madre cogió tarde todos los trenes; y sin alcanzar nunca al príncipe Volskonski”.

Independientemente de todo, el libro es importante como retrato de una generación de mujeres que no pudieron construirse ni construir sus propias vidas y trágico, aunque quizás este no fuera el deseo de la autora. La mujer que nos muestra es la de una mujer vencida, inhibida y que desde muy pronto “dimite” de si misma hasta que la muerte de su marido la vuelve a la realidad y vuelve a ser la mujer fuerte que era antes de su matrimonio al enfrentarse al mundo de la locura y de las drogas “de la mano” de su hijo Leopoldo María.

Absolutamente recomendable.

 

Para saber más:

http://webs.uvigo.es/hesperia/paginas/indices/articulos/vol5/trueba.pdf

 http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/01371741900164951882257/210105_0021.pdf

 http://pintura.aut.org/SearchAutor?Autnum=8.319