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Los hombres que no amaban a las mujeres 
 

(Éxito póstumo y de cómo morirse de improviso y dejar un antológico lío legal) 
 

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Karl Stig-Erland Larsson (Stieg Larsson)  nació en 1954 en Skelleftham (Suecia). Periodista y escritor fue activista en la Communist Workers League así como editor del periódico troskista sueco Fjärde Internationalen y de publicaciones de ciencia ficción como Sfaren, Fijagh, etc., idealista y comprometido, se convirtió en un experto en la extrema derecha sueca que era convocado a reuniones con Scotland Yard, de la policía brasileña o de la OSCE, con el fin de que les ayudara en sus investigaciones o trabajos. Aunque desde siempre tuvo el sueño de escribir novela policiaca, sueño que empezó a realizar a los 47 años para morir, de un infarto en el 2004, a los 50. 


 

Su obra, publicada póstumamente, se compone de una trilogía, Millennium, protagonizada por dos investigadores, el periodista Mikael Blomkvist y la hacker Lisbeth Salander. Larsson idealizó el personaje de Blomkvist y la propia revista donde trabajaba, en su trilogía narrativa. Esta revista, Expo, fundada y dirigida por Larsson hasta su muerte, es un proyecto en el que los periodistas trabajan gratis para contar cosas que no tienen cabida en los grandes medios. ¿quedan hombres o  idealistas como él?. ¡por favor, que me los presenten¡¡.

 


{mosimage} La primera de las novelas, The Girl with the Dragon Tatto (En España; Los hombres que no amaban a las mujeres, Destino, 2008), consiguió el premio Glass Key Award, en 1955, a la mejor novela nórdica de crímenes. La segunda, The Girl who Played with fire (En España y para el 2009: La chica que jugaba con una cerilla y un bidón de gasolina, el Swedish Crime Fiction Academy en el 2006 y The air castle that blew up, se espera que sea publicada, en inglés, en el 2010).
 
 
 
En la novela, Salander (veintitantos años, metro y medio de estatura y 42 kilos de peso) es una hacker de pavorosa inteligencia, capaz de meterse en el disco duro de cualquiera y vaciarle sin ningún remordimiento la intimidad si cree que resulta necesario para alcanzar sus objetivos. Los psiquiatras que la han tratado desde pequeña la califican como una sociópata con rasgos psicopáticos; lo cierto es que es huraña, salvaje y vengativa. No tiene la más mínima confianza en la ley ni en las autoridades, y en su biografía hay motivos sobrados para ello. Por tanto, aplica sus propios métodos, sobre la base de un particular e inmisericorde sentido de la justicia: "Nadie es inocente. Sólo hay diversos grados de responsabilidad".

 

El azar la lleva a indagar un oscuro asunto (la desaparición de una joven de rica familia, ocurrida 30 años atrás) junto a Mikael Blomkvist, un periodista en horas bajas tras haber sido condenado por difamación a raíz de un reportaje para el que le han suministrado información falsa. Blomkvist es cuarentón, idealista, padre divorciado y desastroso (así lo reconoce él mismo) y un incorregible mujeriego al que las mujeres utilizan de forma reiterada. También Lisbeth.

 

{mosimage}Este extraño y desparejo dúo ha arrasado ya en Suecia, Noruega, Dinamarca, Francia y Alemania, y amenaza con extender los estragos de su irresistible encanto al Reino Unido y Estados Unidos. En Suecia ha vendido tres millones de ejemplares (para una población de nueve millones de habitantes). En Francia ha superado el millón. Y lleva decenas de semanas copando los primeros puestos de las listas.

 

Y por si fueran pocos los éxitos de crítica y ventas lo que también llena las páginas y los minutos de los medios de comunicación europeos es por qué la viuda de Larsson, Eva Gabrielsson, no tiene ningún derecho, ni beneficio económico, sobre la obra de su compañero, a quien conoció en un mitin contra la guerra del Vietnam en 1972 y con quien convivió durante 30 años. El problema es que nunca se casaron y ley sueca no reconoce ningún derecho a las parejas que no se han casado ni inscrito en el registro, porque se basa en el derecho germánico medieval, que privilegia la sangre por encima de todo. Todo el dinero de los libros es para el padre y el hermano, que han se han negado a cederle nada.

 

{mosimage}Según declaró Eva Gabrielsson, arquitecta de profesión, a un periódico fue que "no nos casamos por una sencilla razón: Stieg estaba amenazado de muerte. Teníamos que ser muy cuidadosos y precavidos, no queríamos que su nombre apareciera en ningún registro asociado a nuestro piso o teléfono, todo estaba a mi nombre. Todas las facturas eran para mí por motivos de seguridad. Hemos vivido así siempre. ¿Testamento? No hizo porque no teníamos ni un duro, solamente este piso de 56 metros cuadrados sin ascensor". Para la viuda, la situación que vive es humillante no tanto por la enorme cantidad que deja de ingresar, más de siete millones de euros, sino porque "cuando Stieg estaba vivo, tenía una relación fría con su familia. Éramos una pareja muy distante de su padre y hermano, distantes en todos los sentidos: mentalmente, geográficamente y emocionalmente. Eran muy diferentes, ellos no tienen su compromiso político, su humanidad, su empatía, no les gusta viajar ni sumergirse en otras culturas, ni implicarse en la sociedad, sólo quieren vivir tranquilos, son gente muy sencilla".

 

Este hubiera sido, sin duda, un excelente tema para Stieg.

 
 
 

Para saber más:  

 

http://expo.se/stieglarsson.html

http://www.spanningzoeker.nl/larsson/

http://en.wikipedia.org/wiki/Stieg_Larsson

http://www.stieglarsson.com/Millennium-series

http://www.elpais.com

http://www.lavanguardia.es/lv24h/20080528/53468629317.html